Hoy es el Primero de Mayo, solo llevamos un par de horas de esta obrera festividad y me viene a la cabeza el mesías del trabajo del siglo XXI. “El Pozero”. El constructor que pompa a pompa ha sido el jabón con el que se ha ido hinchando la burbuja inmobiliaria.
Tras las alcantarillas, los transportes, las primeras construcciones, edificios, sobornos y amenazas; la hazaña con la que Paquito ha culminado su obra, es su propia ciudad.... !La vergüenza de Seseña¡
Escuchando las noticias, por accidente, me enteré de que en medio de una de esas fiestas que se monta en sus urbanizaciones, con jamón, caspa y cheques, le habían intentado secuestrar.
Con la venia del señor Rouco, me permito recordar que la avaricia es un pecado capital. Dá la sensación de que es precisamente la mano de Dios la que ha querido advertir al “Pozero” que la mafia no es bienvenida.
Y de nuevo suplicando clemencia a la Conferencia Episcopal y a sus Radios, mi pensamiento fué y es: Mierda¡¡, que pena que no haya tenido éxito el secuestro, no haber podido socializar el rescate. Pero eso sí, ahora debe estar acojonado, escondido en alguna de sus lujosas mansiones, contando los billetes de 500 que tiene escondidos debajo del colchón.
En un sentido me alegro. Ha quedado claro que no hay espacio para AlCapones en el negocio del ladrillo. Ni siquiera, para comparar a los ladrones que lo rodean con la mafia italiana. Ya quisiera gente como “el Pozero” asemejarse a los grandes capos de la Cosa Nostra, estos todavía tenían un determinado sentido de la moralidad, no eran unos grandes nihilistas.
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