La "Noche en Blanco" se trata de una macro-actividad-cultural, que trata de acercar las artes al gran público de manera gratuita. Durante una madrugada se engalanan las principales capitales del viejo continente y la cultura de calidad se hace accesible.
Hasta ayer, esto no se había realizado en España. En Madrid, durante varias semanas nos han bombardeado con información sobre la gran novedad que por obra y gracia del cabildo se cernía sobre nuestras cabezas.
Como otros cientos de miles de visitantes, acudí con cierta ilusión de encontrar las actividades propias del Círculo de Bellas Artes, y del resto de foros elitistas, por la patilla. Finalmente nada estaba más alejado de la realidad, no por la gratuidad, si no por que se podría decir que la Noche en Blanco, fue exactamente eso; LA NOCHE EN BLANCO.
En blanco no por mantenerse en vela, blanco de anodino, de vácio de contenido y de inútil. Las colas para acceder a museos y actividades en recintos cerrados, kilométricas. Las actividades al aire libre, de dudosa calidad. No hay más que decir que lo único que destaco, por que era simpático, es la decoración que le pusieron a la fuente de Neptuno (unos patitos de goma amarillos, como los del messenger).
Por ejemplo, el edificio del Ayuntamiento, el Palacio de Comunicaciones, se vistió con un traje en forma de arte digital. Yo de ser Gallardón cambiaría de sastrería conceptual. La performance consistía en retroproyectar, sobre la fachada, con unos cañones laser, unos labios rojos. Labios carnosos como los de la muñeca lulù del alcalde que lanzan besos a los viandantes. El sonido de acompañamiento se podía escuchar perfectamente en todo el centro.
En resumen la única alternativa decente al ocio habitual de fin de semana; que al fin y al cabo es de lo que va todo esto, era salir de bares. La de ayer por decirlo en una frase (al fin y al cabo no se merece más esfuerzo) es que nos servieron una noche en blanco de garrafón.
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