22 octubre 2009

DOÑANA

Que diríamos si viajamos, por ejemplo, a Rumanía con el objetivo de visitar uno de sus mayores monumentos naturales, el Delta del Danubio. Un humedal, en las orillas del Mar Negro, que atrae a toda clase de turistas, así como aficionados a la ornitología.

Hemos puesto nuestra ilusión, vacaciones y dinero en conocer un sitio, que cuando llegamos, vemos convertido en un secarral. Por suerte este comentario no se corresponde con la realidad.

Pero que pasa cuando un turista que ha cogido una guía de viaje por España editada hace siete años, lee: ¡Doñana, un espacio natural, con las denominaciones de Lugar de Interés Natural de la Unión Europea y Zona de Especial Protección de Aves¡. El turista Británico atraido por el reclamo llega y se encuentra un lugar que desde hace cinco años está seco.

Esto si que se corresponde con la realidad. Y después de tanto tiempo, nadie ha querido acer caso de las denuncias que se llevan produciendo durante décadas (sin exagerar un ápice) esta situación. Quizá por desidia, quizá por disputas políticas. Hasta que por fin un delegado de Europa ha conseguido que se le abra un expediente disciplinario al Estado por descuidar sus espacios naturales. En especial un ecosistema, un humedal, especialmente frágil e importante para el equilibrio medioambiental del país.

Parece ser que los gobernantes, a pesar de todo, no tienen familia, ni dos dedos de frente y parece que no tienen ningún interés en dejar el mejor mundo posible para sus descendientes. Ni siquiera un "egoísmo existencial", el que hace que primero pensemos en la prole, lleva a tomar decisiones que preserven el medioambiente.

Tiene que ser la amenaza de una multa proveniente de Estrasburgo, y la mala publicidad lo que lleve a inquietar los asientos de presidentes autonómicos, alcaldes y responsables de Parques Naturales. Pero, ¿Para qué?, para tirarse los trastos a la cabeza y decir que es el otro el que tiene que tomar medidas.

La solución que se propone es un trasbase desde el Tajo, para llenar el humedal. Es una medida dañina pero que en primera instancia puede paliar una situación tan extrema. Pero no hay que olvidar que es una actitud que sólo sirve a corto plazo, para conseguir salvar el máximo número de especies posibles, tanto vegetales, como animales.

A la vez, y de manera inmediata es necesario eliminar, o al menos reducir de manera significativa, la presión sobre el humedal que provocan los regadíos ubicados en el área de preparque (donde según la ley no debería haber ninguno). Además esta forma de agricultura, a causa de sus pozos, daña de forma traumática los acuíferos, e impide su recuperación natural.

Se necesita educar acerca de los daños que provocará en el futuro la falta de estos ecosistemas, de como nuestros hijos, sobrinos, ahijados, ... , se verán afectados por la actitud obtusa que de la que hacemos gala en la actualidad.